jueves, 14 de agosto de 2008

Cuencos

Tengo una afición un tanto "peculiar": tocar cuencos de metal.





Ellos vinieron a mi vida “causalmente“ hace unos años a través de un mail que una amiga mía me envió informándome de la celebración de un taller de fin de semana. Un año antes de ese correo yo era una urbanita, una chica racional de ciencias puras con una vida monótona en la que esas actividades “alternativas” no tenían cabida, a pesar de todo recorrí los 30 Km. que me separaban de la ciudad donde se impartía el curso y cuando los oí me quedé fascinada. No me importó no saber tocarlos a la primera, ni tener que viajar mucho más lejos para seguir aprendiendo, lo cierto es que me fundo con ellos cuando los hago sonar o cuando se los toco a alguien (sí, si, ya sé que suena un poco raro eso de “tocar los cuencos” pero hasta hoy no se me ha ocurrido una frase diferente para explicar lo que hago, se admiten sugerencias).

Ellos me ayudaron a soltar la voz y quitarme el complejo que tenía de “experta en desafinación” (tampoco es ahora que sea una soprano pero me defiendo en la ducha ;-) ) y mi experiencia es que contribuyen a conectar con nosotr@s mism@s, con nuestro interior.

De los dos cuencos que podéis oír el más pequeño es mi primer cuenco, para mí su sonido es muy dulce, muy de “corazón”. Le acompaña otro que al tocarlo conjuntamente me transmite mucha serenidad

Deseo que os gusten :-)

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